Samaná

Perfil cultural de la provincia Samaná

La cultura samanense es una amalgama de expresiones con raíces en diversas épocas de su historia. Los pobladores de Samaná han contribuido a la configuración de una cultura auténtica que se manifiesta en la diaria creación en los más diversos géneros. La música, el baile, la pintura, la literatura y el resto de las áreas de la creación son espacios que le distinguen. Como esencia de esa cultura, está la diaria convivencia, la alimentación, el vestuario, su arquitectura, sus recursos naturales, sus modos de trabajo y su patriotismo.

Un ejemplo es el arte culinario: el congrí con coco y también con carne de puerco salada, son dos atractivos platos de la región. Hay que agregar el sefolé (un dulce), el yinyabié, una bebida similar a la cerveza típica local y que fue introducida por los cocolos, inmigrantes de las antillas inglesas. Dentro de su arte y folklore, identifican a la provincia varios cantos introducidos por los negros afroamericanos, entre ellos: namtan wesleyan, oli losan, karay, etc. Estas son canciones folclóricas que se cantaban en las escuelas y que algunos mayores todavía recuerdan.

Migraciones y cultura en Samaná

Samaná es un territorio donde han confluido diversas culturas que han hecho de ella una provincia multiétnica y multicultural. Desde los aborígenes que enfrentaron al almirante Colón y sus españoles, hasta los africanos y afroamericanos, los inmigrantes han sido grupos con importantes aportes a lo que es hoy la cultura de esta parte del país. Samaná fue poblada con habitantes traídos expresamente de las islas Canarias, para evitar que los franceses establecidos en la isla Tortuga se adueñaran de estas tierras y se la entregaran a Francia.

Los afroamericanos llegaron a Samaná en 1824. A su llegada, le siguió otro grupo menos numeroso, el de los inmigrantes procedentes de las islas inglesas del Caribe, básicamente de Las Bahamas, que venían al país en busca de trabajo, dada la crisis económica imperante en el siglo XX, según indica el historiador Orlando Inoa en su libro Arabes, cocolos y haitianos. Los descendientes de los negros afroamericanos residen actualmente en zonas como Monte Rojo, Villa Clara, Honduras, Los Algarrobos, Juana Vicente, La Cuchilla, La Palmilta y otras comunidades de la parte Norte y Noroeste de Samaná, y se han mantenido unidos por casi una centuria gracias a que sus tradiciones pasan de generación a generación.

«Basta con pasar algunos minutos en este lugar para sentir que estamos frente a una cultura afroamericana, diferente y original, en que los hombres se distinguen por sus sombreros de paja fina y cinta negra y las mujeres por sus vestidos de escote subido, y Caldas largas, con mucha sobriedad en la vestimenta y modestia en la apariencia”, asegura Victoria Curiel. Y continúa: «Aquí todo huele a coco y a pescado, acabado de pesar en tas pesas inglesas todavía con fechas de 1910.

Las vitrinas de las pasteleras exhiben bollos de leche con canela, brownies de chocolate, panes de batata y mantequilla. Llegaron aquí grupos procedentes también de las islas inglesas como Nevis y Saint Kitts, que con el tiempo han sellado la ciudad de Samaná de una lengua que dicen cocola. En el barrio de la Iglesia Evangélica, cuando los fieles están en oración, se oyen cantos de salmos a ritmo de gospel, en inglés y en español. La Iglesia Metodista Wesleyana es una joya arquitectónica de construcción victoriana «gingerbread», de encajes de madera, en el borde de su techo y campanario de cuatro persianas, con flecha y cruz santa en la cima. La comida como parte de la cultura de los pueblos alcanza relevantes signos de identidad en Samaná.

Según afirma Curiel: «Los platos al coco, por ser Samaná el mayor productor de este fruto del país, son los que representan la cocina samanense. A los visitantes les fascina esta exquisitez créole, y piden su «pescado al coco y arroz al coco. También, los famosos Johnnycakes, pan inglés, pan de yautía, que forman parte de la cultura de los negros libertos que emigraron a la península. Otras opciones son los mariscos, en lo que se esmera un restaurante chino ubicado en Samaná”.

Música y tradiciones musicales

Dentro de las riquezas folclóricas de Samaná existe un baile de pareja que, como danza africana, originalmente era fuertemente erótico y altamente sexual: El Bamboulá, también conocido como Baboulá y Baubolé, y otras versiones diferentes del mismo nombre. Bamboulá quería decir «ese bambú», porque se tocaba sobre una sección de Bambú sostenida sobre dos tijeretas de madera. En Samaná su interpretación lleva los instrumentos siguientes: un palo o atabal, acostado en el suelo, tañido por un músico sentado a horcajadas sobre el mismo, que usa sus dos manos y un talón desnudo para tocar; mientras otro músico sentado en la parte posterior del mismo golpea la madera del cuerpo del tambor con los palos catá.

Se acompaña este atabal con el timbal que es un tambor bimembranoforno, hecho generalmente con un barril de clavos y pieles de chivo, que se cuelga del cuello del tañedor; mientras otro músico adicional golpea la barriga del tambor también con los palos catá. El bambulá tiene momentos sofisticados y su coreografía evoca las danzas cortesanas del siglo XVIII. Esta manifestación es cantada en créole, con danzas de salón en grupo, dirigidas por up una reina de la fiesta o bastonera, quien con una bandera o bastón es quien da los mandos.

Intervienen cuantas parejas deseen, las cuales se colocan formando un gran círculo. El bambulá se practica en La Aguada, Tessón y Anadel, entre otras comunidades. En la historia de esta tradición se destaca el nombre de Bertilia Peña. Esta mujer nació en la sección de Tessón, hoy Acosta, en el año 1885. Por más de 70 años influyó en la península, siendo ejemplo para muchos folcloristas nacionales y extranjeros, que gracias a sus conocimientos y habilidades se educaron con su repertorio y triunfalmente han recorrido numerosos escenarios de todo el mundo.

La fiesta de la Cosecha

En la Chorcha, la hermosa iglesia cristiana que es símbolo de Samaná, se realiza cada año la Fiesta de la Cosecha, cuando los fieles, con sus ofrendas en las manos (frutos agrícolas, animales domésticos, etc.), salen en precesión por las calles de la ciudad de Samaná, cantando con sus bandas de música, para culminar depositándolas en el altar de la iglesia. Al otro día, las subastan y el dinero se destina a obras de bien social y religioso.

Fiestas patronales en Samaná

Las fiestas patronales de la ciudad de Samaná se realizan el 4 de diciembre en honor a Santa Bárbara. Otras comunidades tienen sus fiestas tradicionales, a las que llaman novenas, en honor a San Miguel, San Rafael, San Antonio. Nuestra Señora de la Altagracia y Santa Ana Elisa, que es una de las más populares. Estas festividades tienen como base los atabales y las creencias mágico-religiosas, según explican Dagoberto Tejeda, Iván Domínguez, y José Castillo en el Calendario folclórico dominicano. El 21 de enero se celebra en la sección Acosta, paraje Tessón, la fiesta a la Virgen de la Altagracia, cuya novena comienza el día 12 y culmina en la lecha indicada con misas, rezos, cantos, peticiones y aclamaciones, entre salves y atabales.

Los autores señalados precisan que una de las festividades más antiguas, de más alcance nacional en la religiosidad popular y con mayores niveles de sincretismos, es la que se realiza en honor al Espíritu Santo, que se celebra el 18 de junio en la comunidad de Los Cacaos. Los días 23 y 24 de octubre en La Aguada, se realizan las festividades patronales de San Rafael. En esta localidad se celebraban las fiestas de Bamboulá con cantos, rezos e invocaciones en honor al santo: el punto de congregación principal siempre fue la enramada de doña Vertilia Peña.

Desde los años 90 han surgido otras fiestas patronales en varias comunidades, las cuales tienen un alto componente comercial.

El Carnaval de Samaná

Las celebraciones del carnaval de la Independencia en la ciudad de Samaná, se desarrolla los domingos de febrero y termina el 27 de ese mes, Día de la Independencia Nacional. Según dicen los autores del Almanaque Folklórica de la Republica Dominicana para esta celebración se combinan personajes y comparsas de origen africano (entierros, danzas), de los indios (el areito), españolas (diablos cojuelos, roba la gallina) y otras como Los Murciélagos, Caretas de Vaca y el Nicolás Montacaballo. Esta mezcla implica, según la misma fuente, que el carnaval después de llegar a nuestra isla con la colonización española evoluciono y se criollizó, y de acuerdo a la tradición, se transformó en el carnaval de la Independencia concluyendo a finales de febrero o bien a comienzos de marzo.